Con la llegada de la primavera, y tras un invierno más lluvioso de lo habitual, es de esperar que las personas con alergia al polen estén más preocupadas que en años previos por la posibilidad de un aumento y en el mantenimiento de la floración.
Sin embargo, las personas que residen en la provincia de Málaga tienen mejores noticias que los de provincias andaluzas vecinas: espera una primavera leve según datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). “En Andalucía se prevé una primavera leve en Almería, Cádiz, Málaga y Huelva, con un nivel de pólenes de entre 1.000-3.000 granos/m3. En Córdoba y Granada se prevé moderada, con unos niveles de más de 3.000 granos/m3 e intensa en Sevilla y Jaén, que está previsto que registren unos índices de más de 5.000 granos/m3”, señalan en un comunicado.
En el primer trimestre del año se ha observado la aparición de los primeros picos de cupresáceas como todos los años, con un comportamiento desigual, ligeramente adelantados en lugares como Madrid y con algo de retraso en otras localidades como Granada. Por otra parte, el polen de plátano de sombra se está viendo retrasado por las precipitaciones en plena época de polinización, por lo que es de esperar que concluidas las lluvias se inicie dicha polinización.
Sin embargo, para poder determinar la intensidad de la primavera de este año en las diferentes zonas geográficas, el Comité de Aerobiología Clínica de la SEAIC ha utilizado los datos de temperatura, precipitaciones y humedad suministrados por la Agencia Estatal de Meteorología junto con los datos históricos de pólenes de gramíneas de las diferentes estaciones de la Red de Captadores de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. Las previsiones resultantes tras el análisis exhaustivo de los datos indican que los índices en el centro peninsular prometen variar en función de su localización.
De hecho, este año se prevé que, con motivo de las temperaturas tan altas que se han registrado al inicio del año y la gran cantidad de precipitaciones que ha habido en los meses de febrero y marzo, el polen se mantenga más tiempo en el ambiente, lo que puede provocar que los síntomas de la alergia sean más persistentes.
El impacto del cambio climático en las enfermedades alérgicas es cada vez más evidente, de hecho, informes recientes señalan que el incremento de las temperaturas podría ocasionar un aumento en la producción polínica y en la cantidad de alérgenos de los granos de polen, extendiendo, además, la duración de las estaciones polínicas. Este fenómeno agrava síntomas en personas alérgicas y favorece la aparición de nuevas sensibilizaciones en la población general. Los fenómenos meteorológicos extremos, como sequías, fuertes vientos, calimas o tormentas eléctricas, también desempeñan un papel clave en la dispersión de aeroalérgenos.
“Estamos viendo cómo los cambios en el clima están generando un entorno más hostil para los pacientes alérgicos. Las temporadas de polen no solo son más largas, sino que los niveles son más elevados, lo que agrava los síntomas de los pacientes alérgicos”, explica el Dr. Darío Antolín, vicepresidente de la SEAIC y miembro del Grupo de Trabajo de Alergia sobre Medio Ambiente, Contaminación y Cambio Climático.




