El pasado 10 de febrero se celebró el Día Internacional de la Epilepsia, una fecha que busca educar sobre una patología cerebral que sufren aproximadamente 50 millones de personas en todo el mundo. En España se calcula que unas 450.000 personas padecen algún tipo de epilepsia.
Según el portal experto “Vivir con epilepsia”, a pesar de lo que muchas personas puedan creer, no es una enfermedad psiquiátrica ni mental, sino que se trata de un trastorno causado por un funcionamiento anormal esporádico de un grupo de neuronas. Puesto que su único síntoma son las crisis epilépticas que se manifiestan de forma intermitente, la mayor parte de las personas con epilepsia pueden vivir con normalidad.
Generalmente, una crisis epiléptica se desencadena por un exceso de actividad eléctrica de un grupo de neuronas hiperexcitables y puede afectar a funciones como el movimiento, el comportamiento, o el nivel de conciencia. Las crisis generalmente duran apenas unos segundos o unos minutos, después de los cuales el cerebro vuelve a funcionar con normalidad. El tipo de convulsión depende de la parte del cerebro afectada y la causa de la epilepsia, por lo que es importante saber qué hacer si presencias una.
La mayoría de las crisis epilépticas son breves y terminan por sí mismas, no siendo necesario hacer nada para detenerlas, pero es importante aplicar correctamente las medidas de primeros auxilios para evitar complicaciones y medir su duración: coloca a la persona en el suelo, y pon una manta o almohada bajo su cabeza para que no se golpee. Retira objetos punzantes o cortantes si los hubiera cerca y no introduzcas objetos en su boca. Tras la crisis, déjala descansar tumbada sobre un costado.
A pesar de que estos consejos, validados científicamente, residen en la sensatez, muchos profesionales alertan del nerviosismo que en muchas personas supone presenciar una crisis epiléptica y no saber cómo actuar ante ella. Por eso, también es importante saber qué no hay que hacer: no realizar maniobras de reanimación (RCP), a no ser que el paciente haya dejado de convulsionar y no respire o no tenga pulso ni tratar de mover a la persona, salvo que se encuentre en peligro o haya objetos que puedan causarle daño.
También es importante que sepas cuándo alertar a los servicios sanitarios porque, aunque generalmente no es necesario llamar a una ambulancia o acudir a urgencias, sí debe hacerse si tras la crisis no inicia la respiración, si la persona se ha lesionado durante la crisis, o si tiene una crisis detrás de otra sin recuperar la conciencia entre ellas.




